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Negocios

La carrera de la IA también se juega en la red eléctrica

Los centros de datos necesitan energía, refrigeración y conexiones. Una proyección de la IEA muestra por qué ese trabajo condiciona su expansión.

Ilustración conceptual de servidores y cables conectados visualmente a una subestación eléctrica.

El crecimiento de la inteligencia artificial también tiene una dimensión física. Los centros de datos necesitan equipos, refrigeración y suministro eléctrico. En el escenario base de su informe Energy and AI de 2025, la Agencia Internacional de la Energía proyectó que consumirían unos 945 terawatts-hora de electricidad en 2030.

Es una proyección, no un consumo ya registrado. Además, la cifra corresponde al conjunto de centros de datos, que sostienen muchos servicios digitales, no exclusivamente a la IA. Atribuir todo ese consumo a los chatbots sería una lectura incorrecta.

Un edificio no basta para poner capacidad en marcha

La IEA señala una diferencia de ritmos: un centro de datos puede ponerse en operación en dos o tres años, mientras que las infraestructuras energéticas suelen requerir plazos más largos. Construir capacidad de cómputo y conectarla de forma fiable son problemas relacionados, pero no idénticos.

Desde una perspectiva de negocios, eso cambia las preguntas que vale la pena hacer ante un anuncio. Además del número de chips, interesa saber cuándo estará disponible la energía y qué obras faltan. Una cifra de inversión anunciada no describe por sí sola una instalación que ya esté funcionando.

De dónde saldría la electricidad

En el capítulo de suministro energético del mismo informe, las renovables cubren cerca de la mitad del aumento previsto de la demanda hasta 2030. El escenario también incorpora gas natural y carbón, con diferencias entre regiones.

Esto ayuda a evitar otro atajo: expansión digital no significa automáticamente expansión libre de emisiones. La composición del suministro y las condiciones de cada sistema importan. Una promesa global necesita traducirse a infraestructura concreta.

Las proyecciones dependen de variables como la eficiencia de los equipos y la adopción de IA. Aquí usamos el escenario de 2025 para explicar el desafío, no como una certeza sobre 2030. El debate sobre nuevos centros de datos merece mirar tanto el software como los cables que lo hacen posible.

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